Saltar al contenido

Historia de San Pancracio

Santo pancracio dinero

Historia del culto al Niño Mártir San Pancracio

En el mismo sitio en que hoy se levanta en Roma la basílica de San Pancracio, fue enterrado el sagrado cuerpo del excelso Mártir San Pancracio por la matrona Octavila.

Su sepulcro vio se concurridísimo por los files, que admiraban el varonil valor de aquel joven, casi un niño, que prefirió una muerte ignominiosa a la retractación de sus salvadoras creencias.

No hallaban, en sus oraciones junto a la tumba del glorioso San Pancracio, solamente la confortación que la fe proporciona, sino también alivio a sus necesidades y dolencias.

Los que se hallaban sin trabajo, a él recurrían, viendo en el excelso Mártir, cuyo nombre significa «el vencedor en todo», quien les protegería y sacaría de su aflictiva situación.

Del mismo modo, los que se hallaban en precario estado de salud, acudían a él, solicitándola, y de tal manera veían recompensadas sus preces, que no tardó en llamarse el lugar en que estuvo enterrado «lugar de salud».

No se limitó a esto la virtud de su sepulcro; fue también altar de la verdad, ante el cual las personas que juraban en falso eran castigadas con severidad e incluso morían repentinamente.

¿Dónde esta enterrado San Pancracio?

San Pancracio esta enterrado en Roma (Italia) concretamente en la Basílica de Laterno o Laterano

Tumba de San Pancracio
Archibasílica de San Juan de Letrán

Tumba de San Pancracio

Sobre su sepulcro edificó se una capillita, que el Papa Simmaco, allá por el año 498, convirtió en basílica, celebrándose en ella, cuando los neófitos se bautizaban, la Estación de la Octava de Pascua, como en la actualidad sigue celebrándose. El Papa Honorio reconstruyó dicha basílica (625-638), y cambió la posición del sepulcro de San Pancracio, siendo ésta la vez primera que se cambiaban de sitio unas reliquias veneradas, pues anteriormente se sacrificaba la regularidad de la construcción antes que tocar a las reliquias de los santos.

Prueba de la devoción que el culto de San Pancracio inspira desde los más remotos tiempos, son los monasterios de Letrán y el que San Gregorio Magno levantó junto a su sepulcro.

De todos los cementerios romanos, después de la invasión de los bárbaros, los únicos que continuaron siendo venerados por el pueblo fueron los de San Pancracio, San Lorenzo, San Valentín y San Sebastián.

Fiel demostración de la antigüedad a que se remonta, en España, el culto a San Pancracio, es el juramento prestado en la basílica del Niño Mártir por Pedro II de Aragón, que con tal objeto desembarcó en Ostia, en noviembre de 1204, con asistencia del Pontífice Inocencio II. Lotario, autoridades y el obispo de Porto, que presentó al monarca, el cual fue ungido y coronado, jurando fidelidad, después de la solemne ceremonia, a la Santa Sede.

El monasterio construido por San Gregorio Magno, se convirtió, después del siglo X, en abadía benedictina, y hasta el siglo XIII siguió siéndolo, pasando luego a poder de las monjas cistercienses, y, más tarde, a los monjes de San Ambrosio. Los padres carmelitas descalzos lo ocuparon por concesión del Papa Alejandro VII, en el siglo XVII , reconstruyéndolo. En 1799 y en 1849, los republicanos ocasionaron en la basílica grandes daños, cerrándose ésta al culto hasta el año 1851, en que fue restaurada ligeramente. Hoy está del todo renovada y cuidan de ella los padres carmelitas descalzos. En una urna de mármol y pórfido rojo, se conservan las reliquias de San Pancracio y San Dionisio, su excelso tío.

A propósito de estas reliquias, fue notable el milagro que se operó el año 1308, cuando, al incendiarse la basílica de Letrán y demás edificios circundantes, pudo observarse que durante los tres días que duró el incendio, la cabeza de San Pancracio permaneció sin sufrir el más leve daño, adviniéndose, en cambio, que de ella brotaba sangre viva y profundo llanto. El día 12 de mayo fiesta titular del Santo, y en alguna otra solemnidad, se expone la sagrada reliquia, todavía se conserva en la citada basílica de Letrán.

A San Pancracio se le rinde culto en todo el mundo cristiano, distinguiéndose las ciudades de Barcelona, Albano, Bolonia, Utrecht, Leyden, Tréveris, Praga, Milán y otras poblaciones de Portugal, Francia, Bélgica, etc. En La Rochela fundó San Paladio una iglesia en honor de San Pancracio y de los Santos Pedro, Pablo y Lorenzo (573-600). En Rávena, en la iglesia de San Apolinar Nuevo (siglo IV), San Pancracio figura en la procesión de los mártires, junto con San Vicente y San Crisógono.

En Barcelona, en la primitiva iglesia de Santa María del Pino, hay pruebas que permiten remontar al año 1081 el culto a San Pancracio, ante cuyo altar se legalizaban los testamentos sacramentales y se prestaban los más solemnes juramentos, pasando luego este privilegio, por orden de Pedro III de Aragón, al altar de San Félix, parroquia de los Santos Justo y Pastor, donde todavía se conserva, en enero del año 1283.

En 1715, el P apa Clemente concedió indulgencia plenaria y remisión de los pecados a cuantas personas, después de haber confesado y comulgado, visitasen la iglesia parroquial del Pino en la víspera y noche de la fiesta del Santo, orando por las intenciones del Sumo Pontífice. Este privilegio aumentó la devoción que los fieles sentían por el glorioso San Pancracio, y siempre se veía la iglesia llena de gente que acudía a solicitar su favor o a darle gracias por habérselo concedido.

En 1891 trasladó se la imagen del Santo a su actual capilla, y el año 1919 se le construyó un nuevo altar, manifestándose en ambas ocasiones la popularidad de que goza el bendito San Pancracio.

Su culto está hoy extendidísimo no sólo en Barcelona, sino en toda España y en muchas naciones de Europa y América.

La afluencia de fieles convierte la iglesia del Pino en un constante jubileo, siendo incapaz la espaciosa basílica para contener el inmenso concurso que la visita el día 12 de mayo.

El año 1923, el Sumo Pontífice restableció la concesión hecha por el Papa Clemente XI, con las mismas condiciones. Tan grande es el número de devotos que a diario acuden a visitar la capilla del Santo, y, sobre todo, el día de su fiesta titular, que muchas otras parroquias han tenido que satisfacer los deseos de sus fieles, imposibilitados de rendirle homenaje por insuficiencia del local, estableciendo una capilla con la imagen del milagroso San Pancracio.

Para dar a esta devoción que Barcelona siente por el excelso Mártir, toda la importancia que en sí tiene, téngase en cuenta que dicha población es una de las más laboriosas y cultas del mundo, no pudiendo tacharse de ignorante, y menos de supersticiosa, a su densa masa obrera, que no vacila en llenar las amplias naves de la basílica parroquial de Santa María del Pino.