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San Pancracio

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Oración a San Pancracio

Desde aquí te ofrecemos las oraciones más potentes y eficaces para rezar a san Pancracio y obtener todo lo que se le pida.

Podrás encontrar todas las oraciones que existen al Santo Pancracio y son eficaces para conseguir dinero, trabajo o que nos toque la lotería.

Oraciones a San Pancracio

¿Qué se le pone a San Pancracio para que de suerte?

Para que la imagen de San Pancracio sea efectiva en nuestro hogar o nuestro negocio y nos proporcione salud, dinero o trabajo, debe de tener una serie de requisitos:

• Se le debe de colocar una moneda al lado

• Su dedo debe de apuntar hacia el interior de la casa o negocio, ósea de espaldas a la entrada

• Se debe de poner una rama de perejil

• Se debe de rezar la oración a San Pancracio

• La figura debe de San Pancracio debe haber sido regalada, no vale comprarla

¿Cuál es el santo de la suerte?

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El santo de la suerte es San Pancracio, que a su vez, es el santo del dinero, del trabajo, y de la lotería. Este Santo Pancracio esta vinculado tradicionalmente con la fortuna, no solo con la fortuna en los juegos y con el dinero sino con la fortuna en el ámbito laboral y del trabajo y con la fortuna en la salud.

La creencia popular es que San Pancracio atrae la suerte en cualquiera de sus facetas, y la forma de conseguir atraer esa suerte hacia nosotros es atreves de las oraciones. Estas oraciones pueden ser oraciones para la suerte, para el trabajo, para el dinero, para la lotería o para la salud.

Es muy popular colocar una figura de san Pancracio en las Administraciones de lotería con perejil y una moneda al lado.

También es tradición colocar la imagen del santo en las casas y en los negocios para poder “atraer” o “conservar” el trabajo, el dinero y la salud”.

¿Cuál es el número de suerte de San Pancracio?

Existe una disparidad de opiniones sobre cual es el número de la suerte de San Pancracio.

San Pancracio nacido en el 289 y murió, martirizado, el 12 de mayo de 304, aunque otros datos indican en el 303

Número de la suerte para ganar la lotería

A san Pancracio Se atribuyen los siguientes números de la suerte que pueden hacernos ganar la lotería:

  • El 12 (por ser la fecha de su muerte)
  • El 15 por ser los años que tenía cuando murió
  • Combinaciones de estos números

Cómo rezar a San pancracio para conseguir dinero, trabajo o salud

La oración a san pancracio se debe realizar en unas condiciones especiales para que surta efecto y sea efectiva dicha petición. Ante todo, se debe hacer de una forma sincera y siempre en estado de paz y tranquilidad de espíritu.

El devoto a San Pancracio debe estar con la conciencia libre de culpas y con la confianza absoluta de ser escuchado y atendido.

Las oraciones y peticiones al Santo Pancracio deben estar siempre basadas en estos tres principios fundamentales:

  • Ser verdadero devoto de San Pancracio, fomentando y difundiendo su devoción y procurando imitar sus virtudes.
  • Rezar diariamente en su altar o bien ante una imagen del Santo, la oración de petición y posteriormente el «padrenuestro», «ave maría» y «Gloria», a la Santísima Trinidad, hasta conseguir el favor que se pide.
  • Al pedir la gracia que se desea, procurar estar en gracia de Dios, tal como estuvo siempre el Santo, puesto que prefirió el martirio antes que ofender a su Dios.

¿Qué pone en el libro de San Pancracio?

que pone en el libro de san pancracio
San Pancracio con el libro y la palma en la mano

En el libro que sostiene San Pancracio en su mano izquierda esta escrito en latín:

«VENITE AD ME ET EGO DABO VOBIS OMNIA BONA»

Que significa en castellano:

«VENID A MI Y OS DARE TODOS LOS BIENES»

Es una invitación del santo Pancracio a confiar en el Señor, dador de todo beneficio y bendición. A la par, es una invitación a esperar en la protección del santo.

Vida de San Pancracio

Nació Pancracio en Frigia (Asia Menor). Sus padres, Cleonio y Ciriada, eran nobles y ricos, estando ligado el primero por estrecha amistad al emperador reinante.

¡Cuán poco pudo imaginar Cleonio, al morir, dejando huérfano a Pancracio cuando sólo contaba once años de edad, que aquel mismo emperador, su amigo, habría, con el tiempo, de decretar la muerte de su hijo…!

¡Cuántas veces, en efecto, en la vida, recibimos el mal de quien esperábamos todo el bien…!

Su tío Dionisio ocupó se dé la educación de Pancracio, no tardando en reconocer, admirado, las excelentes dotes del joven, que en todo sobresalía con igual facilidad.

Cuando creyó llegado el momento de presentarlo a la nobleza, trasladó se con él a Roma, en cuya ciudad radicaban los más importantes bienes del joven patricio, alojándose en un palacio situado en la colina más cercana al Palatino.

Por aquel tiempo conocieron al Papa San Sixto, y en una ocasión en que el Pontífice huía de los sayones del emperador, le dieron hospitalidad y refugio en su palacio, siendo creencia general que fue dicho Papa quien les instruyó en las verdades de la fe cristiana y les bautizó.

Una vez convertidos, no vacilaron en hacer alarde de su religión, siendo perseguidos y encarcelados.

En la cárcel murió Dionisio, y en ella quedó el joven Pancracio, solo en el mundo, sin parientes, ni amigos, ni riquezas. Todo lo había perdido, hasta la libertad. Pero conservaba el más grande de todos los tesoros: la fe.

La fe le consolaba, le confortaba, le sostenía, le daba alientos para soportar con entereza su triste suerte, y había de darle el ánimo y el valor necesarios para afrontar risueño el horrible martirio que le estaba destinado.

Y así, en vez de desesperarse, todavía hallaba en su corazón cristiano dulces consuelos que prodigar a sus compañeros de cautividad.

Al cabo de algún tiempo, llegó a oídos del emperador el elevado rango a que pertenecía el joven Pancracio, y ordenó que le quitasen las cadenas que le aprisionaban y le condujesen a su presencia.

La gentil apostura y la poco común discreción del joven cautivaron al emperador, el cual, al enterarse de que era hijo de Cleonio, su mejor amigo, le rogó insistentemente que abandonase sus nuevas creencias y volviese a adorar a los dioses de sus mayores.

Prometió le, si tal hacía, riquezas y dignidades más elevadas que las que heredara de sus padres, ofreciéndole que le trataría como si fuese su hijo. En cambio, le amenazó con la muerte si no renegaba de la religión cristiana.

Sin fanfarrón alarde, Pancracio. firme y digno. contestó al emperador haciéndole presente que ni sus promesas ni sus amenazas podían hacer mella en su ánimo, ni tenían poder para hacerle abjurar de sus creencias. Negó se, pues, a adorar los viejos ídolos paganos, y, prefiriendo el tormento y la muerte, afirmó con más resolución su fe en Dio s y en su único Hijo Nuestro Señor Jesucristo.

Su heroica y sublime actitud, en vez de admirar al emperador, encendió su ira, y, montando en cólera, le condenó a muerte, ordenando que le condujesen a la vía Aurelia, fuera de la ciudad, y le decapitasen.

Al llegar al lugar señalado para el suplicio, ante el asombro de sus verdugos, que esperaban verle desfallecer en el momento supremo, cayó de rodillas, y elevando al cielo sus tiernos brazos, dio gracias a Dios por permitirle el inefable honor de morir por su fe.

Apenas terminada su breve y ferviente invocación, fue decapitado.

Agradecimiento a San Pancracio

Con la publicación de presente líneas, creo cumplir un deber de agradecimiento contraído con el bienaventurado San Pancracio, de quien tantos favores tengo recibidos.

Las oraciones a san Pancracio que aparecen en estas páginas no son compuestas por mí; estos gritos de multitud de almas doloridas, hace ya mucho tiempo que corrían de boca en boca, en espera de que alguien los recogiese y les diera, unificándolos, carácter de claridad y concreción.

Además del deseo de hacer ostensible mi gratitud, muéveme a realizar esta labor el ansia de popularizar la devoción hacia el glorioso abogado de los enfermos y los sin trabajo, entre aquellos que todavía no hayan sentido su alma iluminada por el saludable destello de la fe.

Los testimonios de algunos favores obtenidos por intercesión de San Pancracio, me han sido proporcionados por los protagonistas, algunos de ellos, de los episodios que se relatan, y testigos, otros, de solvencia moral absoluta, por la elevada espiritualidad en que apoyan los actos todos de su vida.

Tanto los primeros como los segundos, forman parte de la numerosa cohorte de devotos que el Niño Mártir tiene esparcidos por el mundo.

Soy un modesto creyente que procuro, en la medida de mis fuerzas, devolver a mis semejantes una parle infinitesimal del bien inmenso que he recibido, y me daré por muy dichoso si estas páginas, compuestas con el espíritu postrado ante Dio s y ante su excelso siervo, llega a servir para sumar a la causa del Mártir glorioso, aunque no sea más que un solo escéptico o un poco ferviente devoto.

Desde lo más profundo de mi alma ruego a quien lea estas páginas, que, al dirigir sus peticiones al Santo Pancracio, lo haga con la conciencia libre de culpas y con la confianza absoluta de ser escuchado y atendido.

A quien así lo hiciere, me atrevo a pronosticarle el más eficaz consuelo en sus tribulaciones.

Un devoto de San Pancracio